El síndrome de Peral

El síndrome de Peral

En unos días se celebrará el aniversario de la botadura del submarino Peral. Sí, aquel que demostró con coraje y emprendimiento a esa España cainita y clientelar (en aquel momento fielmente representada por algunos mequetrefes que movían los hilos burocráticos y fácticos en los ministerios) que se podía. «Vamos a hacer el ridículo. En cuanto este barco caiga al agua, empezará a dar vueltas como una pelota», decía uno de esos asesores al general Montojo, con el fin de que prohibiese como fuese la bodatura. Y, ¡eureka¡, en pleno acto, aquel sumergible ¡funcionó¡ Peral tenía toda la razón del mundo. Resulta que unos años después, el almirante Dewey, el que nos dio cogotazos hasta en el carnet de identidad a los españoles en la guerra de Cuba, exclamó: «con dos submarinos Peral en la bahía, me hunden la flota americana entera, sin poder yo hacer nada». Pero no. No había submarinos Peral, ni se les esperaba. Por aquel entonces ya estaba varado y abandonado en el olvido, para convertirse con el tiempo aquel revolucionario invento en lo que castizamente denominamos «spanish meadero». Literal. Mientras, lo que había en Cuba era el Cristóbal Colón,el Infanta María Teresa, el Vizcaya y el Oquendo. Anticuados barcos de madera y chapa que se enfrentaban a los modernos navíos norteamericanos. Hasta en el cielo de la boca nos dieron. Pero, eso sí, previamente las soflamas lanzadas por la prensa española y el ánimo exaltado de la clase política que esperaba unánimemente una aplastante victoria.

España por aquel tenía los mismos visos de paro, clientelismo y corrupción que ahora, cosas que no cambian y que por cierto nos recuerda a las mil maravillas Reverte en su última tribuna dominical Conmigo o contra mí. Es lo que hay. El antídoto, mucha educación, investigación e innovación a toda costa, entre otros muchos; y de esto mejor casi que ni hablar, dada la capacidad competitiva de nuestro Estado. No podía ser menos, y también los recortes llegan galopantes a la educación, en donde ya se piensa cualquier fórmula viable para garantizar el acceso igualitario a la misma. En Santiago de Cuba, los acorazados Iowa, Texas, Indiana y Oregón ya nos exhibieron modernidad. Tanto como el caldo de cultivo para ser tierra de oportunidades que ya demostraban por aquel entonces. Y claro, con esas formas de hacer en lo económico, y como viene siendo habitual, los Harvard, Stanford, MIT, Berkeley? las diez mejores universidades del mundo son dominio exclusivo de EEUU actualmente. Entre las 50 primeras del mundo, 42 son anglosajonas. Los títulos vienen avalados por su reputación. También por sus Nobel conseguidos. Y una de las claves, su «ecosistema cultural y laboral», los valores y por supuesto su financiación.

La gente estudia para luego trabajar dignamente. Un 60% de paro juvenil te deja claro el colapso en el que nos encontramos por aquí. Anclados en el tránsito del desierto del Gobi socioeconómico, en el que aún así se vocifera ese «conmigo o contra mí» diariamente. Algunos hablan, y muy razonablemente, de la necesidad de ejemplo. Con los que tenemos, normal que estemos como estemos. Así se va un vecino de Fraga a la Guardia Civil y denuncia que le pagaron la droga con billetes falsos, o en una joyería malagueña, los asaltantes le dicen a la señora «que ellos tienen que comer, que es lo que hay». Erial quijotesco este.

Y es que los males que aquejan al sistema económico y del conocimiento español son sistemáticos y han prevalecido, ya sean monarquías, repúblicas o democracias. Ya sean bajo gobiernos de derecha o de izquierdas. Normal. Y así mezclamos churras con merinas y en donde hay pensados espacios culturales, pensamos en un área gourmet. Y 16 años sin museo arqueológico, para que nuestros pequeños vayan a conocer su historia, y sepan de donde vienen y a donde van. Calidad y responsabilidad. Las mismas palabras que esgrimía Peral que, por cierto, ¿sabéis como terminó el genial inventor? Defenestrado, en el olvido, «expulsado de la armada» y deprimido ante tantos obstáculos burocráticos y funcionariales. Intentaron quitarle la honra y la dignidad que no logró ver en vida. Aquejado de una enfermedad sobrevenida, murió. Ni paga de viudedad le quedó a su amada mujer. Así es nuestra España. Culta, justa e igualitaria. Como mandan los cánones.

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