Sobreviviendo como ´Orzowei´

Sobreviviendo como ´Orzowei´

Esta fue la respuesta de Cristian, un empresario autónomo y amigo al preguntarle por teléfono ¿Cómo te va? Tirando, «buscándome la vida como Orzowei». Para los que no conozcan esto de Orzowei, fue estrenada en TVE el año de la tana. Sin ningún tipo de anuncio previo, aquel sábado al mediodía todos los que esperaban un nuevo capítulo de Mazinger Z, se encontraron con aquel guerrero africano al que nadie comprendía y no le quedaba más remedio que buscarse la vida en solitario, como podía, de un lado a otro, pasando las de Caín para sobrevivir. Como les pasa a buena parte de los ciudadanos, también a los autónomos y pymes de este país. De ahí que este malagueño salao soltase lo de Orzowei. Precisamente, otro compañero de la asociación de jóvenes empresarios, un veterano emprendedor muy querido por unos y por otros, me comentaba; somos invisibles Javier, nadie nos hace caso. Ya sea de un partido político u del otro, al final todos suben impuestos y nos legan un camino muy difícil para emprender y prosperar. Y mira que siempre hay buenas intenciones para arreglar las cosas, pero al final todo son obstáculos. ¿Realmente es tan difícil crear medidas eficaces y simples para todos? ¿No se dan cuenta de que somos el futuro, que los puestos de empleo los creamos desde las pequeñas empresas?, preguntaba. Quizás muchos de los que leéis estas líneas os sintáis tristemente identificados. Ojalá no sea así, pero este país saldrá afortunadamente, en parte de esta crisis, por el empuje de cada uno de vosotros, pequeños empresarios, que todos los días cultiváis el sacrificado arte de buscarse la vida. Como hacia «orzowei».

Mientras salimos hacia adelante, nos encontramos con cosas como las que se aprobaron ayer. La ley de emprendedores. Una ley importante y positiva para las pymes y autónomos, que pretende disponernos un ecosistema que los jóvenes empresarios llevamos demandando hace muchos años. Para algunos se queda corta, para otros es un magnífico primer paso. El caso es que para los que vivimos desde «el tajo» el día a día, sufriendo y viviendo directamente la gestión de una pyme, se abre un panorama con una pequeña esperanza, una que llevamos mucho tiempo esperando. Un horizonte, por otro lado, que muchos hace tiempo demandábamos y que va de la mano del talento y el dinamismo que muchos de estos jóvenes atesoran. Talento que para buscarse la vida, les ha hecho viajar y conocer que en otros países del entorno, como es el propio Reino Unido, se paga de cuota de autónomo 12 libras, y así darte cuenta que en nuestro país pagamos de los tramos más altos de Europa. El talento también incluye manejo del idioma para que no ocurra lo del relaxing cup of coffe. Y es que entre idiomas, economía y cultura nos hace mucha falta una regeneración real para estos jóvenes y no tan jóvenes, que en muchos casos suele comenzar, como todo, por lo económico. Que se lo digan a nuestros magníficos investigadores, que en muchos casos tienen que exiliarse por falta de contratos. En todo caso, la ley de emprendedores podría significar un respiro para la actividad, para así evitar «arrastrarnos» mucho más tiempo al estilo wey. Ese espíritu debe mover a muchas otras leyes aún, para así evitar que Fernando, que tenía un bar, y lo digo en pasado, ya que tuvo que cerrar su cafetería porque, como decía, lo «frieron a impuestos». La semana pasada me enseñó un papelito de esos que salen a pagar y se llama «Tasa de ocupación de terreno de uso público», y calculadora en mano, teclea y me enseña el resultado. Me han subido un 50% el impuesto. Cuesta realmente mucho entender esto de la subida de tasas en estos tiempos, máxime cuando los que producen, son la solución. Bajar impuestos es, en mi modesta opinión, conectar la llave de encendido del motor del crecimiento, subirlos, lo contrario. Hace unos días se ha cumplido un año del preciso instante en el que España estuvo al borde del desastre de la deuda. De cómo se ha manejado la crisis de deuda y cómo al final se ha buscado, al menos en España, la solución más fácil pero posiblemente muy dañina para la economía (dejar sin un euro a los ciudadanos y permitir que el Estado siga en muchos casos con aún improductivos gastos y duplicidades). Muchos emprendedores se preguntan ¿qué interés tiene trabajar para ser el mejor en algo –es decir, para ser competitivo a nivel global– si acabas pagando al Estado más del 70% de tus ingresos, como ocurre en España si estás en el tramo alto del IRPF y sumamos impuestos directos e indirectos?

Es lo que tiene este país. Muchas paradojas. España, que parece tener la desgracia de tener dirigentes desde hace decenios, digamos que poco brillantes en materia económica, perdió la oportunidad durante muchos años cruciales para consolidar una economía. Pero no se hizo. Toca reinventarnos en lo socioeconómico de una vez por todas.El reto tiene un listón bien alto. Para los orzowei, eso pequeños comerciantes, o esa consultora, o esa empresa tecnológica o de hostelería, si a estas alturas de desierto, falta de agua y demás inclemencias no les derribó la crisis, posiblemente ya no lo haga. Y menos mal. Gracias a ellos y ellas se mantiene buena parte de nuestra Málaga, nuestra Andalucía y nuestra España. Aunque como me recordaba mi amigo Raúl, nadie se lo reconozca.

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